Isla de los recuerdos
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Leo vivía en una casa donde habitaba un niño llamado Lucas. Lucas era un estudiante muy aplicado y siempre tenía su escritorio lleno de libros y cuadernos. Sin embargo, a pesar de ser tan ordenado, Lucas a veces se sentía un poco solo. Deseaba tener un amigo con quien hablar y compartir sus pensamientos.
Un día, mientras Lucas estaba cumpliendo con sus deberes, Leo decidió dar un pequeño golpecito en el escritorio para llamar su atención. Lucas se sorprendió al escuchar una voz proveniente de su lapicero.
"¡Hola, Lucas!" dijo Leo tímidamente. "Soy Leo, tu lapicero. He obtenido el don de hablar, y me gustaría ser tu amigo".
Lucas, sin poder creer lo que estaba escuchando, respondió: "¡Hola, Leo! ¡Eso es increíble! Claro que podemos ser amigos".
La amistad entre Lucas y Leo creció con el tiempo, y el pequeño lapicero demostró ser un amigo leal y valioso. Pero, como todas las cosas buenas, esta historia tiene su final. Un día, el hada que le concedió el don de hablar volvió y le dijo a Leo que su tiempo como lapicero mágico había terminado.
Aunque Lucas estaba triste por perder a su amigo parlante, entendió que Leo debía seguir su camino. Con un último adiós, Leo volvió a ser un lapicero normal. Sin embargo, su amistad perduró, y Lucas siguió utilizándolo con cariño para escribir y dibujar durante muchos años.
La historia de Leo, el lapicero que podía hablar, se convirtió en una leyenda en el escritorio de Lucas. Les recordaba a todos que la amistad puede encontrarse en los lugares más inesperados y que los lazos entre amigos verdaderos son más fuertes que cualquier magia.
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